Por ELVIA ANDRADE BARAJAS
-- 2a. parte--
NUEVA YORK, 07 de septiembre de 2026.- ¡Wow! Es lo mínimo que se pronuncia al salir a la superficie tras 45 minutos de viaje desde el aeropuerto JFK hasta Manhattan.
Nueva York, se presenta luminosa con sus imponentes rascacielos y sus calles, evocando escenas de películas como "Manhattan" (1979), "The Avengers" (2012), "Encantada" (2007) o "Mi pobre angelito 2: Perdido en Nueva York"(1992).
Es también el gran escenario de las artes escénicas, con 41 teatros en el circuito de Broadway que albergan producciones aclamadas mundialmente como "El fantasma de la ópera", "El rey león", "Chicago" o "Hamilton".
Sus rascacielos de cristal parecen tocar el cielo, recordando que aquí los sueños se construyen hacia arriba.

El mito neoyorquino del "todo es posible" nace de su historia como puerta de entrada para millones de inmigrantes que llegaron sin nada y lograron prosperar.
La ambición y el éxito se materializan en iconos como el Empire State Building o el Chrysler Building.

Esa magia urbana se refleja en las aguas del East River y del Hudson, en sus avenidas dinámicas y en oasis verdes como Central Park, donde a diario se recuerda a John Lennon frente al mosaico de "Imagine", su himno a la paz mundial.
Los puentes parecen poesía suspendida. El puente de Brooklyn, con sus cables tensados como cuerdas de violín, marca el pulso urbano. Cada barrio cuenta su propia historia: el arte en el SoHo, la elegancia de Midtown, la memoria histórica de Harlem y la fuerza latina del Bronx.

Nueva York es bella, vibrante y diversa, pero huele a marihuana. La ciudad donde nació Donald Trump convive abiertamente con el consumo de cannabis a plena luz del día.
Pero, mientras desde Washington se emiten discursos de guerra contra el narcotráfico en Latinoamérica, en Manhattan el constante olor a marihuana cuestiona la narrativa oficial y confirma lo que analistas y capos han señalado durante décadas: la captura de líderes criminales no detiene el mercado de consumo. Nueva York, la misma jurisdicción que ha sentenciado a cadena perpetua a figuras como Joaquín "El Chapo" Guzmán o juzgado a otros líderes del crimen organizado, es hoy un epicentro de consumo legal de cannabis.
El uso recreativo es legal en el estado para mayores de 21 años: se puede comprar en dispensarios autorizados, poseer hasta tres onzas en público (y almacenar hasta cinco libras en casa) y fumar en la mayoría de los espacios donde está permitido el tabaco.
No obstante, la ciudad enfrenta una saturación de tiendas no autorizadas y un consumo en la vía pública que rebasa la regulación formal.

Times Square y Broadway son el epicentro de este aroma. Resulta difícil caminar sin percibirlo; en Times Square, el humo se mezcla con el brillo de las pantallas gigantes.
En el metro, la falta de ventilación intensifica el hedor, acentuando la sensación de abandono en el transporte que utiliza la clase trabajadora.
En contraste, avenidas como la Quinta Avenida filtran el aroma gracias al lujo, los sistemas de ventilación privada y la vigilancia, demostrando cómo la desigualdad también se percibe en los olores urbanos.
El fenómeno del consumo es global e interconectado. Mientras los países de origen y tránsito pagan un alto costo en violencia, las grandes metrópolis mantienen una elevada demanda de sustancias, que comienza en la marihuana y se extiende hacia otras drogas sintéticas y complejas.

Nueva York es fascinante pero contradictoria: poderosa pero desigual, moderna pero con una infraestructura subterránea castigada por el tiempo. En medio de todo, emerge una verdad innegable: Nueva York se sostiene gracias a los migrantes.
Son ellos quienes construyen los edificios, atienden los restaurantes, conducen los taxis, limpian las oficinas, cuidan a los niños y sostienen la economía diaria. La ciudad es un crisol humano donde conviven mexicanos, dominicanos, puertorriqueños, colombianos, ecuatorianos, chinos, indios, árabes, africanos y europeos.
La composición demográfica refleja su diversidad multicultural: aproximadamente un 33.8% de población blanca, 28.5% hispana o latina, 21.9% afroamericana y 14.7% asiática. Los migrantes representan la columna vertebral de la metrópoli más visible del mundo.
Manhattan se mantiene como uno de los centros comerciales, financieros y culturales más importantes del planeta. Tras los trágicos eventos del 11 de septiembre de 2001, la zona del World Trade Center se transformó: junto al terreno donde se erigían las Torres Gemelas —hoy convertido en el National September 11 Memorial con dos grandes fuentes que honran la memoria de las 2,977 víctimas— se levanta el One World Trade Center, el rascacielos más alto del hemisferio occidental.
La historia de esta tierra comenzó con los pueblos Lenape mucho antes de la llegada europea. En 1624, los neerlandeses fundaron Nueva Ámsterdam; en 1664, los ingleses la renombraron como Nueva York, y en 1898 se consolidó la unión de los cinco distritos que forman la metrópoli moderna.
Nueva York, con 8.3 millones de habitantes, es la ciudad más poblada de Estados Unidos. Aquí se hablan más de 700 idiomas y cerca del 30% de sus pobladores nacieron en el extranjero.
Flanqueada por el solemne río Hudson al oeste y el dinámico East River al este, y custodiada al sur por la Estatua de la Libertad en la bahía, la ciudad sigue presentándose ante el mundo como una promesa: hermosa, vibrante, imperfecta y llena de contrastes.
Pero huele a marihuana, y quizá a otras sustancias, por lo que cabe formular una pregunta crucial: ¿el fentanilo huele?
La respuesta es no.
A diferencia del penetrante aroma del cannabis, el fentanilo es un polvo inodoro e invisible, lo que convierte a este opioide en una amenaza silenciosa y devastadora en las calles neoyorquinas. Al no ser perceptible al olfato, cualquier transeúnte —incluso niños en parques o espacios públicos— puede quedar expuesto o inhalar residuos tóxicos sin darse cuenta.
Es aquí donde se evidencia la mayor paradoja de la metrópoli: de nada sirve que las cortes de Nueva York se llenen de juicios mediáticos, ni que las cárceles estadounidenses acumulen capos del narcotráfico y políticos corruptos extraditados, si en las aceras la demanda no cede y las mafias continúan operando con impunidad.
Al final, mientras el consumo siga normalizado y la infraestructura social desgastada, la justicia punitiva seguirá siendo solo un espectáculo que no logra frenar el peligro real que flota en el aire.
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NEW YORK, NEW YORK
Muy bella, pero huele a marihuana y es desigual |
Por ELVIA ANDRADE BARAJAS
NUEVA YORK, 31 de agosto de 2026.-
Nueva York deslumbra y contradice. La capital financiera del mundo, sede de las Naciones Unidas, cuna de los premios Pulitzer, escenario natural de innumerables películas, Distrito Federal donde se dictan sentencias contra capos del narcotráfico y políticos del mundo, como "El Chapo" Guzmán, "El Mayo" Zambada, los expresidentes de Venezuela, Nicolás Maduro; de Honduras, Juan Orlando Hernández, o Genaro García Luna, exsecretario de Seguridad de México, e incluso al propio Donald Trump, es una isla hermosa, pero huele a marihuana y vive una gran desigualdad social. Arriba todo brilla; abajo, en el subway (metro), todo es viejo y oscuro.
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